El fútbol navega entre lo épìco y lo mundano. Leyendas de pasión, agrandadas con los años, se mezclan con cuentos insulsos. Incluso, en el momento en que se ahonda, aparecen las trazas de excrecencia inherentes a cualquier gran negocio.
Y este lo es. La narración de este bendito juego maldito es la historia de la humanidad misma encerrada en una burbuja propia. Por eso, un simple partido de pretemporada puede ser un encuentro inolvidable si se dan los ingredientes necesarios. El Celta cierra este sábado (21:00, TVG) su etapa preparatoria y su gira italiana frente al Nápoles en el duelo mucho más riguroso del verano y entre 2 equipos unidos por Stanislav Lobotka, en su día gran sensación e importante venta del cuadro vigués y en este momento capitán general de la escuadra partenopea.

No es una expresión sin más ni más. El centrocampista eslovaco porta exactamente el mismo brazalete que alguna vez llevó Maradona. Expresiones mayores. No solo eso. Lobotka y todos sus compañeros honran al rey de reyes sobre el lote de juego es de las mejores etapas históricas del Nápoles. Segundo en la pasada Serie A, vencedor en la anterior y campeón en 2023. Dos Scudettos en tres años. El Celta afronta el mayor reto de la pretemporada a una semana de arrancar la Liga. La prueba definitiva frente a un colectivo que el pasado miércoles batió a Osasuna (2-1), exactamente el primer contrincante de Claudio y sus hombres en el arranque liguero.
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nfrente estará un aparato de Liga de Campeones, en el que la capacidad de pase y conducción del exjugador céltico marca la pauta desde el centro del campo. Esas características que maravillaron en Vigo y que dejaron 20 millones de euros en Príncipe han evolucionado al límite en el antiguo San Paolo, desde 2020 y para siempre el Diego Armando Maradona. Y eso que al principio le costó un poco arrancar. En cuanto se amoldó, se volvió indispensable. Jugó 49 partidos en el Scudetto conquistado en 2023 y 33 en el de 2025 -el cuadro napolitano no jugó en Europa ese año-.
El eslovaco es únicamente una más de las figuras que tiene a su predisposición Massimiliano Allegri, recién llegado a la capital de la Campania. Internacionales como Scott McTominay, Franck Anguissa, Walid Cheddira, Romelu Lukaku o un Kevin de Bruyne que suena para salir estas semanas. También el portero serbio nacido en Ourense Vanja Milinković-Savić. Equipazo. Además, con ese halo de misticismo que rodea al equipo de una ciudad tan particular, que se siente diferente a cualquier sitio de Europa. Una forma de vivir propia, que alcanzó el paroxismo con Maradona. El especial ejemplo de la alquimia especial que el fútbol mezcla entre lo legendario y lo mundano.
El partido se jugará en el Stadio Teofilo Patini, en Castel di Sangro. No es la misteriosa capital de la Campania, pero asimismo tiene historia. Allí se cuajó «El milagro de Castel di Sangro», libro súper ventas de Joe Mcginniss, que cuenta la narración de de qué manera el equipo de una ciudad de 5.000 pobladores en medio de los Abruzzos que encadenó ascensos desde lo más bajo del amateurismo hasta lograr la Serie B en 1996.
En su coqueto estadio, Celta y Nápoles se verán las caras. Las dos instituciones centenarias -la italiana cumple la efeméride este año- tiñeron de celeste el hilo colorado del destino. De ahí que, este rencuentro no es solo con Lobotka. Es entre dos devotos del color del cielo. Pero como este deporte guarda lo mucho más costumbrista junto a lo etéreo, el partido debe servirle a Claudio para encarrilar en su cabeza el primer once titular liguero. La versión oficial es que Ilaix Moriba y Matías Vecino no viajaron por no estar preparados para arrancar frente Osasuna. Habrá, pues, que buscar a los candidatos entre aquéllos que participen mañana sábado.
La portería no descarta sorpresas. Pero de llegar, serán más adelante. Por su peso y su poso, Andrei Radu parece destinado a ser el primer nombre de la alineación inaugural del curso. Probablemente, asimismo este sábado. Si bien Altay Bayindir ya adiestró al lado de sus nuevos compañeros y es mucho más que viable que Claudio lo haga debutar. Más en el aire está el estreno de Abdoulaye Faye. El senegalés prosigue pendiente de que se solucionen los flecos burocráticos.
A partir de aquí, todo es posible. Si adivinar un once de Claudio es mucho más bien difícil que resistirse a algo dulce, cuánto más en verano, con lo bien que entra el helado de limón. La línea defensiva es el valor mucho más seguro. Starfelt va ganando minutaje poco a poco y podría gozar de su primera titularidad. Si no, ahí va a estar Yoel. Marcos Alonso y Javi Rodríguez son pilares incontrovertibles, igual que Febas y Román en el medio, a falta del guineano y el uruguayo. Burcio y Antañón, eje del ascenso a Segunda de Fortuna, piden paso. Sin el lesionado Gallardo, Rueda y Carreira apuntan a los carriles. Y delante, todas las opciones están abiertas alén de que Jutglà es el único delantero centro más o menos específico disponible sin el mundialista Borja Iglesias y con Pablo Durán apurando la recuperación de su hombro. Swedberg y Aspas -siempre y en todo momento Aspas-, huelen a sucesos. Pero Hugo González no es que haya tirado la puerta: la ha bombardeado.
Una vez suene el silbato final, el próximo pitido inicial va a dar paso a una riña por los tres puntos. De ahí que, y aunque no sea en la extraordinaria Nápoles, no está mal mitificar un desafío tejido en celeste contra el equipo del dios de la pelota. Noventa minutos para los raritos a los que les agrada el juego. Después ya va a haber tiempo de regresar a los dimes, diretes, medias patrañas y mentiras enteras del galimatías del mercado. Por el momento, a paladear el sabor del rencuentro. Con Lobotka y con el fútbol.


